How Much Longer For EFL/ESL Textbooks?

Yesterday’s news – that the full-length Oxford English Dictionary will henceforth be available only in digital format – pushed something that has been buzzing around in my mind into tipping-point territory. It joined forces with other recent news – that USA Today is making big cuts in the staffing of its print-based edition in favor of online; that Amazon is now selling more e-books than hardcover ones; that Newsweek, the loss-making magazine company, was sold for a symbolic dollar; and that computer manufacturers are currently rushing out iPad wannabe tablets to surf on the massive sales success of that reader-like device – to lead me to ponder on how long the EFL/ESL paper-based textbook can survive in a rapidly digitizing world.

The ELT industry seems to be in a state of semi-denial, continuing the traditional marketing investment in each year’s new editions and collections while quietly figuring out how long the party is going to last. Some publishers – Pearson with its involvement with social language-learning site LiveMocha; Cambridge with its 50% buyout of the business-oriented, and McMillan with its efforts around the teacher-centric, are already moving a few eggs out of the paper-based basket while figuring out how to manage the conundrum of building up a digital presence while continuing to milk the physical cash cows. Others seem to be adopting an ostrich-like stance, making only symbolic efforts at playing the digital game and pretty much hiding their heads in the sand, paralyzed at the prospect of fundamental and permanent change in the “one textbook, one workbook, every learner, every year” formula that has produced such nice revenue streams until now.

As stated by Graham Stanley in a prescient blog post a little over a year ago, the temptation in these situations is always to believe that a little added-value to the existing product will be enough to see off the new-form rivals, much as the music industry did for most of the previous decade.

But the EFL/ESL texbook will be subject, if anything, to even more pressure for change. The need to be very careful about presenting appropriate content by age, culture/religion and proficiency level has become ever-harder to accomplish with a single edition. Young people, in particular, are becoming increasingly allergic to paper-based educational formats lacking interactivity and social networking features (I know this from personal experience with my children aged 10 and 14, for whom exhortations to do assignments in their language workbooks are about as popular as requests that they take out the trash. When given the option, they go for the trash every time). The input material in textbooks seems to age faster than ever, especially when publishers try to make them “current” (Pussycat Dolls? Daddy, that is so 2009). The complaints about the weight of textbooks in backpacks becomes louder by the semester; and sooner or later the “dead trees” ecology argument will find the target as well. Finally, the learning of correct pronunciation is becoming more solidified as a learner demand, and this is one area where textbooks have run out of rabbits to un-hat – the effort with back-of-cover CD-Roms or DVD-Roms having run its natural course.

So Is The Clock Ticking?

Is there a future for ye olde chapter & verse ELT textbook over the next decade or so? In the medium term (five years), almost certainly. The books themselves have gotten a lot better, and this alone will tamp down the students’ carping for a while. The “wiring” of schools, in particular those in the state sector, is proving painfully slow once the relatively easy option of Interactive Whiteboards has been checked off. It will be years until the average 12-year-old will be expected to come to class with his e-tablet, much as he or she is expected to purchase stationery supplies ahead of the start of classes today. And many classrooms in the poorer parts of the developing world still lack electricity, let alone a broadband connection or wi-fi, so paper-based materials (if they’re lucky) and chalkboards will continue to be relevant in these settings for some time to come.

But the writing, longer-term, does indeed seem to be on the wall. I do think, however, that despite the widespread declared enthusiasm for “edtech” and all its related cyber-baubles, teachers still – and will continue to – rely on a quality ELT textbook as the pedagogical “anchor” of their teaching, and schools are also probably more comfortable having such an expert-authored curriculum than being without. I can easily see an emerging norm where textbooks are phased out for learners in favor of online platforms, both in the classroom and outside of it; while the publishers, in addition to investing in those types of platforms, focus their efforts textbook-wise on teachers and the related teacher training that allows them to get the best out of the material. The unit sales volumes for physical books will be nothing like they’ve been to date; but with the right understanding of how to achieve the transition from physical to digital (something, admittedly, easier to describe than to implement) the best of the EFL / ESL publishers should be able to enjoy the fruits of their authors’ experience and brain-power for some time yet.
Las noticias de ayer – que el diccionario completo de inglés de Oxford a partir de ahora sólo estará disponible en formato digital – fueron el empujón que necesitaba una idea que hace tiempo que me ronda por la cabeza para llegar al punto de no retorno. Esta noticia se sumaba a otras recientes – que USA Today está recortando en gran medida el personal de su edición impresa en favor de la edición en línea; que Amazon vende ahora más e-libros que libros de tapa dura; que Newsweek, la editorial de la revista acumuladora de pérdidas, se vendió por un simbólico dólar; y que los fabricantes de ordenadores están sacando a toda prisa tablets a imitación del iPad para navegar en el masivo éxito de ventas de este aparato lector – y me llevó a preguntarme cuánto tiempo podrán sobrevivir los libros de texto de aprendizaje del inglés en este mundo que se digitaliza rápidamente.

La industria de la enseñanza del inglés parece no querer acabar de creérselo, y sigue invirtiendo en el marketing tradicional de las nuevas ediciones y colecciones de cada año, mientras se preguntan con la boca pequeña cuánto va a durar la fiesta. Algunos editores – Pearson con su implicación con la red social de aprendizaje de idiomas LiveMocha; Cambridge con su compra del 50% de; y McMillan con sus esfuerzos en la página web pensada para profesores, ya están sacando algunos huevos del cesto del papel mientras piensan cómo gestionan el misterio de fortalecer su presencia digital al mismo tiempo que siguen ordeñando a las vacas del dinero efectivo. Otros parecen adoptar la estrategia del avestruz, y sólo hacen esfuerzos simbólicos por jugar al juego digital pero sobre todo entierran la cabeza en la arena, paralizados ante la perspectiva de cambios fundamentales y permanentes en la fórmula de “un libro de texto y un cuaderno de ejercicios por alumno y año” que hasta ahora ha dado tan buenos resultados económicos.

Como afirmaba Graham Stanley en un clarividente post de blog hace poco más de un año, la tentación en estas situaciones es siempre creer que un pequeño valor añadido al producto existente bastará para despedirse de sus rivales de nuevos formatos, más o menos como hizo la industria de la música durante casi toda la década anterior.
Pero el libro de texto de inglés, en el mejor de los casos, estará sujeto a una presión para el cambio todavía mayor. La necesidad de ser muy meticulosos a la hora de presentar los contenidos adecuados por edad, cultura/religión y nivel de conocimiento se ha vuelto más difícil de lograr con una única edición. La gente joven, particularmente, se está volviendo cada vez más alérgica a los formatos educativos basados en el papel por su falta de interactividad y características de red social (esto lo sé por experiencia personal con mis hijos de 10 y 14 años, para quienes los llamamientos a hacer los deberes en sus cuadernos de inglés tienen casi tanto éxito como las peticiones de sacar la basura. Si les das a elegir, siempre preferirán la basura). Los materiales de los libros de texto parece envejecer más rápidamente que nunca, sobre todo cuando los editores tratan de hacerlos “modernos” (¿Pussycat Dolls? Papá, eso es tan del 2009). Las quejas por el peso de los libros de texto en las mochilas aumentan de volumen cada trimestre; y tarde o temprano esgrimirán el argumento ecologista de los “árboles muertos”. Finalmente, el aprendizaje de una pronunciación correcta se está consolidando por exigencia de los alumnos, y en este campo los libros de texto ya no tienen más conejos para sacarse de la chistera: el intento del CD-ROM o DVD-ROM incorporado murió de muerte natural.

Entonces, ¿el tiempo apremia?

¿Hay futuro para el vetusto libro de texto de inglés durante la próxima década o así? A medio plazo (cinco años), casi seguro. Los libros en sí han mejorado mucho, y esto sólo ya apaciguará las críticas de los alumnos durante cierto tiempo. El “cableado” de las escuelas, particularmente las públicas, está resultando dolorosamente lento una vez descartada la opción relativamente sencilla de las Pizarras Interactivas. Pasarán años hasta que se espere que el niño medio de 12 años llegue a clase con su ordenador de bolsillo del mismo modo que ahora se espera que compre material de papelería antes de empezar las clases del día. Y muchas aulas en las regiones más pobres del mundo subdesarrollado siguen sin tener electricidad, por no hablar de conexión de banda ancha o wi-fi, de modo que los materiales en papel (si tienen suerte) y las pizarras de madera seguirán teniendo importancia en estos lugares durante algún tiempo.
Aunque la escritura, a más largo plazo, sí que parece estar en la pared. Creo, sin embargo, que a pesar del entusiasmo declarado general por las “tecnologías educativas” y todas las ciberchucherías que las acompañan, los profesores continúan –y continuarán- confiando en un libro de texto de inglés de calidad como “ancla” pedagógica para sus clases, y probablemente también las escuelas se encuentran más a gusto contando con tal currículo autorizado por los expertos que sin él. Puedo ver fácilmente una norma emergente donde los libros de texto son eliminados gradualmente en favor de las plataformas en línea, tanto en el aula como fuera de ella; mientras los editores, además de invertir en este tipo de plataformas, centran sus esfuerzos en lo referente a los libros de texto para los profesores y la formación que les permita sacar el mayor partido del material. Los volúmenes de ventas de unidades de libros físicos no serán en absoluto los que han sido hasta la fecha; pero si se sabe comprender cómo lograr la transición del físico al digital (algo que, lo confieso, es más fácil de describir que de llevar a cabo) los mejores editores de libros de texto para el aprendizaje del inglés deberían poder aprovechar los frutos de la experiencia y capacidad intelectual de sus autores todavía durante algún tiempo.

5 Responses to How Much Longer For EFL/ESL Textbooks?

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  2. Yeah, I definitely agree paper textbooks should become a thing of the past. The main issue I find is that no one in the publishing community is really that techno-centric. They’re either not interested, too old, or too used to doing things the way they’ve been done.

    Some text books are trying to release digital formats, but it’s basically just a searchable textbook with a bit of multimedia thrown in. Reminds me of Encyclopedia Britannica CD’s that came with computers in the early 90’s.

    There need to be some innovative thinkers that really know how to not only create actual online interactive content, but who know how to market it to be profitable as well. We’ll see what happens on that front.

  3. English Attack says:

    Couldn’t agree more Nick. We often see this when industries go through technology-driven change: the older players are too busy protecting and trying to extend the lifecycles of their legacy platforms to really focus all their energies on the new opportunities. That’s why the industry leaders in “old” media like TimeWarner, News Corp and Bertelsmann are being eclipsed by “new media” juggernauts like Google, Apple and Facebook. We’ll see if the publishing giants go down that route, or if instead they decided to really invest in the future at the cost, no doubt painful in the short / medium term, of seeing a decline in their overall revenue streams.

  4. phil says:

    Many schools are now using their own materials as part of blended learning and their own produced online courses. Yes, many students do now choose just to learn online, such as the 1000s of Chinese who prepare IELTS on a gap year online. They use virtual books and materials. However, those who choose to attend a school or University often want more face contact with the teacher. As an exam teacher I do see the benefits of doing speaking and writing in class on paper as it prepares students for paper-based exams. BUT there are now online versions of FCE/BEC etc so then it would seem fitting that we also use computers for reading and the other skills.

    Students will go to work one day and use computers to read, write and even have meetings. They will probably rarely have paper-based work to do so as teachers we should help prepare them for this reality. If we don’t the class will be left behind the real world and students will face a large ‘transition bump’.

  5. Adam Evans says:

    it’s all about Strategic Drift amd the issue lies in the hands of management.

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